LOS
POBRES... CRITERIOS DE CONFRONTACIÓN
M.
Ascensión está feliz en la misión; su "preferencia por los sencillos"
le llena y le desborda. A los pocos días de llegar a Maldonado, abren
el Colegio con las niñas del poblado. Pero el Proyecto del Vicariato,
en el cual están colaborando, era más amplio; deberían abrir el internado
para recibir en él a las niñas más pobres y dispersas por la selva.
Pronto
se abre el internado. Llegan las primeras chunchitas de la tribu Baraya,
que se quedan a vivir con las hermanas y el internado se llena. En el
colegio se va reflejando la situación social que vive la selva: el enfrentamiento
entre nativos y caucheros. Las hermanas optan por los nativos y deciden
que en el colegio habrá lugar para los que lo deseen, pero con preferencia
para las nativas.
Enseguida
empiezan a llegar enfermos graves pidiendo ayuda y, las hermanas, sin
recursos, también abren su casa para acogerlos mientras encuentran otras
soluciones. Ellas mismas salen a visitar a los enfermos y llevarles
algún remedio. Los fines de semana salen a las cabeceras de los ríos,
reúnen a las mujeres, etc. Llevadas por las necesidades de la nueva
situación, van abriendo apostolados.
Es
una etapa de aprendizaje. Va dándose cuenta, M. Ascensión, de que la
Evangelización en situación misionera es amplia, integral; que requiere
un talante especial y abierto en las hermanas y una organización nueva
y funcional.
M.
Ascensión siempre tuvo una gran fe y vivía con estricta puntualidad
lo referente a las prácticas de oración. En la nueva vida misionera,
su fe se fortalece, tomando nuevas expresiones, ante las situaciones
de dificultad, incertidumbre, alegría y gozo, soledad y encuentros.
Siente
que Dios está en "el camino". Con Él dialoga en los días de viaje en
barco, en mula, en canoa, al descubrir los encantos de la Cordillera
de los Andes, o encontrarse con la impresionante belleza de la selva.
Sobre todo experimenta el
encuentro con Dios en las niñas que llegan de la selva, en los enfermos
que hay que atender, en las mujeres que viven de forma diferente a lo
que ellas habían conocido. La experiencia de Dios es tan fuete que ella
dice: